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IDENTIDAD ESCLAVA

Resultado de imagen para gente con celularEl día después de las elecciones en Gran Bretaña podemos criticar muchas cosas de su sistema, todos los países y los sistemas democráticos son fácilmente criticables. Sin embargo, la herencia de siglos de democracia hace que sigan siendo admirables en muchos sentidos. En 2013 el Gobierno encargó un estudio sobre los cambios en las identidades con el objetivo de orientar las políticas pública de los próximos diez años. 

El estudio, llamado: “Identidades futuras, identidades cambiantes”, nos va dando claves sobre cambios que ocurren allí y que son tendencia en toda Europa. El estudio propone que la identidad de las personas se forja a partir de 3 áreas que están en estrecho contacto y en mutua influencia: Los datos biométricos, como las huellas dactilares, el ADN, la edad, el género, etc. 

Los datos biográficos, como la nacionalidad, la profesión, el estatus económico, etc.; y los datos sociales como: la familia que formamos, los hobbies, la comunidad de personas con la que te identificas, etc. Hay datos que forman parte de más de una categoría como la edad, o la etnicidad o las creencias, etc. La interacción entre estos factores es lo que hace que tú seas quien eres. Observamos que hay aspectos de los que forman la identidad que se mantienen más estables a lo largo de la vida, otros en cambio están cambiando de forma muy rápida en los últimos años. Las categorías que antes se consideraban congénitas, recibidas, son hoy motivo de elección. 

Estamos cambiando identidades heredadas por identidades elegidas. La paradoja es que las identidades elegidas son más frágiles que las identidades recibidas. Los tres factores de cambio que más están afectando a los cambios en la identidad son: la hiper-conectividad de nuestra generación, una sociedad más pluralista y una sociedad en la que se desdibujan y se hacen más permeables las barreras entre la identidad privada y la identidad pública. Atendiendo a este último factor podemos observar lo siguiente: 

- La membrana de separación entre lo privado y lo público se está volviendo más permeable y el concepto de privacidad o intimidad se está reduciendo. Hay una especie de exhibicionismo social y biográfico en la sociedad (en el transporte público siempre encuentro a gente retransmitiendo en voz alta sus planes de fin de semana a los que viajamos con ellos a través de un teléfono móvil). Colgamos una gran cantidad de información personal en la red y buscamos la aprobación de los demás, eso nos hace más vulnerables a la opinión de los demás. 

Alguien dijo que se está produciendo un cambio, de ser una cultura de la culpa a ser una nueva clase de la cultura de la vergüenza, al linchamiento mediático. - El colgar fotografías y vídeos en las redes sociales ha llevado a crear una autobiografía virtual, en lugar de proteger la privacidad. La generación joven es poco sensible al riesgo que esto representa, pero los datos colgados son difíciles de borrar y no sabemos el impacto que esto puede tener en manos públicas o en manos de empresas privadas. Esta tendencia está planteando un constante desafío con los datos que voluntariamente estamos colgando y el uso que se haga de ellos. Existe una Ley Orgánica de Protección de Datos y, a la vez, nosotros estamos facilitando voluntariamente más y más información en las redes que puede tener resultados inesperados e indeseados en el futuro. Lo primero que hacen las empresas antes de contratar un nuevo trabajador es mirar sus redes sociales, pero también otras compañías como las compañías de seguros antes de hacer una póliza, etc. 

Estamos cediendo un montón de datos a compañías privadas que tienen la tecnología para recoger, filtrar y usar nuestros datos para su beneficio. - Para proteger nuestra libertad, necesitamos protección de la privacidad. Probablemente nos escandaliza saber que los gobiernos occidentales han estado espiando las comunicaciones de millones de ciudadanos: e-mails, llamadas de teléfono, whatsapp, etc. Pero la realidad es que la mayoría de la información obtenida se la hemos facilitado los ciudadanos voluntariamente al colgarlo en un muro abierto al público. Básico en el pasado y la consecuencia de una larga lucha democrática, fue el tener comunicaciones privadas, el secreto postal que precisaba de orden judicial para romperlo, etc. y ha sido dinamitado por nuestros hábitos de comunicación. 

Para comprobar el grado de control al que estamos sometidos, debería bastar el dato de que siempre después de un atentado, el terrorista ha sido captado por una o más de las miles de cámaras de seguridad que hay en el entorno. Podemos fácilmente imaginar la cantidad de información sobre cada uno de nosotros potencialmente utilizable por un gobierno malvado o por empresas desaprensivas. Recordemos siempre que los Derechos Fundamentales surgieron como una forma de defensa del individuo hacia el Estado todopoderoso. La mejor forma de protección es la auto-protección. No hace falta caer en alguna de las teorías de la conspiración para ver los riesgos reales de la sobreexposición voluntaria en las redes sociales. Necesitamos recuperar la poesía de desvelarnos poco a poco a los demás en lugar de una cierta grosería de lo excesivamente obvio. 

Debemos recuperar el erotismo de mantener un ámbito privado en contraposición con la pornografía del exhibicionismo social. Tenemos que volver a tomar el tiempo de conocer poco a poco a una persona en la medida en que vamos compartiendo distintos momentos, con situaciones por las que vamos pasando y que van mostrando quiénes somos realmente, más allá de ese yo que quiero ser o del otro yo de lo que los otros piensan que soy. 

Como cristianos podemos tener una visión alternativa. En lugar de coleccionar “likes” en nuestras redes sociales, podemos buscar un solo like, el de Aquél que nos observa con misericordia y con gracia sin límites. En lugar de sentirnos intimidados por la mirada profunda de un Dios ante el que nada podemos ocultar, recordar que ese Dios que no ignora nada, nos ha amado tanto como para ofrecerse a sí mismo para hacerlos libres de aquello que nos esclaviza. 

En lugar de la imborrable huella social que dejan los datos en la red, recordar que Dios nos lleva grabados en la palma de sus manos, que la señal de los clavos que atravesaron sus manos y sus pies, son las de aquel que dijo que no se acordaría más de nuestros pecados, que los había lanzado al fondo del mar, que los alejaría tan lejos como el oriente está lejos del occidente. Finalmente, lo único que borra el registro de todo aquello de lo que debemos avergonzarnos es la sangre del único justo que ha pisado la tierra, Jesucristo, el Hijo de Dios.

UNA MAYORÍA FATALMENTE EQUIVOCADA


El forastero se había trasladado cerca de aquella ciudad porque era una de las más prósperas de la región, pensando que podría hacer buenos negocios y ampliar su ya rico patrimonio. Se trataba de una llanura fértil, regada por el río que nacía en las altas cumbres unos cientos de kilómetros más arriba, lo que aseguraba el apacentamiento de su numeroso ganado. Establecerse cerca de la ciudad, pero no en ella, tenía una doble ventaja; por un lado le daba la independencia necesaria para ser dueño de sus decisiones y por otro le permitía mantenerse en relativa cercanía con los moradores de la ciudad, sin quedarse aislado. Pingües beneficios se divisaban en el horizonte y ante él se abría una nueva etapa de posibilidades. 

Su tío le había dado la opción de escoger el lugar que mejor le pareciera, siendo la alternativa entre un páramo seco o un huerto feraz. No había duda. Nunca una decisión fue más fácil de tomar, porque ¿qué semejanza puede haber entre promontorios pelados y vegas fecundas? Los habitantes de la ciudad eran conocidos por su dinamismo comercial y en la Bolsa se disparaba el valor de las acciones de compañías y empresas, rompiendo todos los registros al alza. Los títulos cambiaban de manos, las compras y las ventas se sucedían a velocidad de vértigo, los proyectos de construcción estaban en auge y la implementación de nuevos planes de regadío era continua. 

El dinero se movía alegremente y la prosperidad material era la seña de identidad de aquella sociedad. Es verdad que aunque la fama de los moradores de la ciudad era notoria por su olfato comercial no lo era menos por sus costumbres, que eran más depravadas que todo lo conocido. Hombres con hombres se ayuntaban sexualmente, no de manera secreta ni a escondidas, como sucedía en otros lugares, sino abiertamente y sin ningún tipo de reparo ni freno. La abundancia material había ido fomentando una mentalidad general afanada por eliminar todos los anclajes morales, que habían sido superados por nuevas formas de relaciones. 

Todo era factible y experimentable. Nada limitable ni imposible. Ninguna ciudad se había atrevido a tanto, ninguna había llegado tan lejos. Pero a pesar de las señales de alarma el forastero acabó por fijar su residencia dentro de la misma ciudad y a estas alturas ya era un hombre conocido de todos, con mujer, hijas y yernos. Todavía seguía siendo un forastero a los ojos de los oriundos, por dos razones: La primera, porque como suele ocurrir en tantos sitios el que ha llegado de otra parte lo sigue siendo, no importa los años que lleve afincado; la segunda, y más importante, porque no compartía en su fuero interno el modo de pensamiento y de vida en determinados aspectos de sus conciudadanos. Sí, a sus negocios comerciales; no, a su corrupción sexual. Era un difícil equilibrio y el conflicto interno que libraba era desgarrador. Lo que veía diariamente era insoportable, más de lo que su conciencia le podía permitir. Sus conciudadanos le miraban como a un sujeto incómodo, una especie en vías de extinción. Un inadaptado que no se había puesto al día, atascado en sus ideas obsoletas sobre el matrimonio y la familia. 

Era el único en aquella ciudad, en aquella sociedad, que pensaba de manera tan retrógrada. Confiados en su abrumadora mayoría habían llegado a la conclusión de que las cifras les daban la razón; tanta gente no podía estar equivocada, mientras que una sola persona no podía estar en lo cierto. Hasta que un día llegaron dos forasteros a casa de este forastero. Su porte era distinguido y llamaron la atención de quienes les vieron pasar, queriendo experimentar con ellos lo que ya practicaban entre sí. Pero eso significaba que dos derechos entraban en colisión. Uno era el derecho del anfitrión a cobijar y proteger a sus huéspedes; el otro era el derecho de los demás a poner por obra su estilo de vida. El primer derecho anulaba el segundo; el segundo derecho conculcaba el primero. Finalmente, el segundo prevaleció. Era un atropello a lo más elemental y la gota que colmaba el vaso, la señal de hasta qué punto las cosas se habían degenerado en aquella ciudad. Unas horas después, cuando amanecía, sucedió algo que nunca antes había pasado. 

Oleadas de fuego se abatieron sobre la ciudad, consumiendo no sólo sus campos y cosechas, sus ganados y canales de riego, sino también las casas y edificios junto con sus moradores, reduciéndolo todo y a todos a ceniza. Oficinas, templos, parques, supermercados, lugares de ocio y la cámara de diputados quedaron volatilizados en un instante. 

No quedó nada de aquel emporio y donde antes había vida y animación ahora sólo había muerte y desolación. Pero el forastero había sido sacado, minutos antes, de la destrucción por aquellos dos forasteros que le pusieron a salvo. Y así fue como aquella mayoría, que confiaba en el poder de los números y en su propia sabiduría, acabó siendo devorada, primero por el incendio de su propio desvarío y luego por el fuego exterminador. 

Una mayoría fatalmente equivocada. Parecida a la de hoy en día.

 

ESPIRITUALIDAD MENTIROSA

Vivir de cara a Dios, pero de espaldas a las problemáticas del hombre sin pensar en el mundo sufriente, es vivir una espiritualidad mentirosa.
La verdad es que muchos que se llaman cristianos pueden estar, desgraciadamente, viviendo una espiritualidad falsa. Suena fuerte, pero cuando se quiere vivir una espiritualidad mirando sólo a Dios y con una falta de compromiso con el prójimo en medio de un mundo de dolor en donde hay tantos problemas, tantas injusticias, tanta opresión, tanta pobreza y tanta marginación, es seguro que no estamos viviendo la auténtica espiritualidad cristiana. Será otra espiritualidad, otra mística, otra forma de estar alumbrado por no sé qué tipo de luz, pero no es la espiritualidad que deben tener los seguidores del Maestro. 

La auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana debe tener como referencia lo que nos enseñó Jesús: El amor a Dios y el amor al prójimo debe estar en relación de semejanza. Lo demás serán misticismos, intentos de autopurificarse o de autojustificarse, porque la auténtica espiritualidad que deben vivir los creyentes tiene, necesariamente, dos polos que han de estar equilibrados, en el fiel de la balanza: La semejanza que hay entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Yo soy un cristiano que da mucha importancia al culto a Dios, incluso a la práctica del ritual. Me gusta direccionarme hacia lo alto en adoración al Creador. Sin embargo, Dios rechaza nuestro culto y adoración si olvidamos que el amor al prójimo está en relación de semejanza con el amor a Dios.  

En la espiritualidad cristiana no se puede olvidar al hombre, auténtico lugar sagrado. No podemos alabar mientras damos la espalda al grito de los pobres, de los oprimidos, los torturados o maltratados, los excluidos y despojados del mundo, los apaleados y robados.   Caminaremos a nuestro culto en medio de una mentira si, de forma prioritaria, no nos paramos ante el prójimo y no somos movidos a misericordia. No se puede buscar el amor de Dios cuando pasamos de largo ante el prójimo que nos necesita. El que dice que ama a Dios y pasa de largo del hermano en necesidad, es mentiroso. 

Nos ponemos un manto religioso que no nos cubre nuestras vergüenzas, porque es el manto de la mentira. Yo creo que en el mundo hay personas que, conociendo el cristianismo y sus implicaciones de amor al prójimo, cuando ven a personas que se manifiestan o confiesan como cristianos sin dar esos frutos de projimidad y sin pararse ante los gritos de los empobrecidos de la historia, piensan que esa manera de intentar vivir la espiritualidad cristiana es una mentira. 

¿Hay culpables de que, algunas personas sencillas, vivan una espiritualidad de mentira sólo enfocada al ritual y al culto dando la espalda al hombre que sufre? Yo, lógicamente, no quiero buscar culpables, pero quizás nuestra exposición de la doctrina cristiana, nuestra teología y la enseñanza bíblica en general, a veces carece de estar equilibrada haciendo que el fiel de la balanza entre el amor a Dios y el amor al prójimo estén en total desequilibrio. 

Vivir de cara a Dios, pero de espaldas a las problemáticas del hombre sin pensar en el mundo sufriente, es vivir una espiritualidad mentirosa. Un cristiano que conoce y quiere practicar los valores del reino que nos enseñó Jesús a través de sus enseñanzas y de sus ejemplos de vida y prioridades, no puede pasar de largo ante el hombre sufriente, no puede dar prioridad al ritual frente a la práctica de la misericordia. Estaría cayendo en la vivencia de una espiritualidad mentirosa. No se puede vivir la espiritualidad cristiana mutilando el Evangelio. ¡Cuidado! Podemos estar cayendo en la tragedia de ir construyendo una espiritualidad mentirosa. También, no poner en relación de semejanza el amor a Dios y el amor al prójimo, es estar practicando un amor mentiroso. 

No se puede basar nuestra espiritualidad cristiana en un sentimiento de amor a Dios que, si no somos responsables y solidarios para con el prójimo, es también la vivencia de una mentira. 

¿Qué tipo de espiritualidad estamos trabajando y viviendo? Yo creo que la iglesia, para colaborar en el hecho de que los creyentes vivan una espiritualidad verdadera, no debe enseñar solamente una espiritualidad consoladora y que intente tener gozosos a sus miembros sólo con la esperanza de la vida eterna. La iglesia tiene que enseñar y construir trabajando y hablando de lo imprescindible que es el compromiso cristiano con el mundo sufriente, con el prójimo en necesidad que, muchas veces, se nos muestra como colectivo. 

Los robados, apaleados y tirados al lado del camino, deben estar en el centro de nuestra espiritualidad en semejanza con el mismísimo amor a Dios. Hay que trabajar en la iglesia no solamente el tener una especie de estado de felicidad, sino el saber que debemos estar “a disposición de”, sirviendo en el mundo, trabajando hasta llegar cansados a la presencia del Señor por haber estado siendo sus pies y sus manos en medio de un mundo de dolor. 

El cristiano no debe estar nunca como un ser callado, quieto y paralizado ante el mundo. Éste, necesita su compromiso. Lo otro, sería vivir una espiritualidad de mentira.

POR 13 RAZONES: BULLYNG, SUICIDIO Y REFLEXIONES


Resultado de imagen para 13 reasons whyUn microcosmos, el de un centro de secundaria norteamericano, donde las vidas se enredan y la búsqueda del sentido de pertenencia, del amor y de una explicación para la existencia dejan algunas almas heridas por el camino. Un microcosmos en el que cualquier referencia a Dios ha sido obviada y en el que la moral predominante se ofrece sin referencias y por tanto resulta más vulnerable y es retada continuamente. De hecho, bajo una apariencia de comunidad feliz la vida se muestra como una batalla carente de sentido en la que hay una élite de triunfadores, una masa de adocenados aduladores y un reducto de lúcidos extraviados. Adscrita a este último grupo, Hannah Baker no ha podido soportar la amargura de los abusos sufridos, la generada por sus propios errores y la angustia vital de una edad difícil. Antes de quitarse la vida, grabó 13 cintas donde pone rostro y nombre propio a las 13 Razones que la llevaron a tomar tan drástica decisión. El destinatario de la cinta número 11, Clay Jensen, su mejor amigo es quien mejor parado sale en este relatorio de miserias y se convierte en el hilo conductor de cada capítulo.   Paramount Pictures produjo esta serie en asociación con Netflix, tomando como base un bestseller homónimo de Jay Asher (2007). 

Destaca la banda sonora, con música y letras que parecen creadas para el relato, ampliando la poderosa vertiente emocional de las historias. En ellas vemos a Hannah pintada como una víctima no exenta de culpa, rehén de la autocompasión y del orgullo, de la opinión ajena, de la falta de comunicación con unos padres absorbidos por el cometido de sacar adelante un pequeño negocio amenazado por la competencia con una gran superficie. La estructura narrativa de la serie, como la de tantas en esta época dorada de las producciones para internet, es impecable y sus elementos de intriga están sabiamente escanciados en los episodios. En ocasiones se muestran flashes de escenas que corresponden a una línea argumental aún no desarrollada y constantemente se juega con el presente y el pasado, llevando a los personajes principales de uno a otro de una forma suave y pertinente, al servicio de una historia que se construye como un mecano. 

Igual que en “Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez, el suceso clave se muestra al inicio y después se trata de ir desvelando otros sucesos relevantes que lo desencadenaron, así como de ofrecer una radiografía de los personajes principales, el grupo de compañeros y compañeras que frecuentaba Hannah Baker o que había tenido algún contacto sustancial con ella. Y no solamente de ellos, sino también de sus progenitores.   

Los padres de los muchachos son personajes siempre secundarios, con distinto grado de implicación en las vidas de sus hijos y por tanto, distinta influencia en ellas. Constituyen un verdadero mundo paralelo, breve pero muy sintomáticamente reflejado en la serie. Así, los padres del depravado Bryce no aparecen en ningún instante, siempre ocupados o disfrutando de vacaciones. Hay un par de progenitores del tipo sargento, los de Jessica, Zach, Alex (tres de los caracteres más débiles de los mostrados) y otros más empáticos (los del propio Clay, tal vez el más asertivo) mientras que la madre del muchacho en peor situación socio-ambiental (Justin) es aún digna de mayor lástima que él. 13 Razones trata del bullying pero también del fracaso de un colectivo en el cuidado de sus miembros. Esto incluso se verbaliza en uno de los capítulos finales con un “maybe next time” (“tal vez la próxima vez”). 

Es también un alegato contra la tiranía de las redes sociales, una voz de alerta acerca de la vulnerabilidad de los adolescente que se dejan atrapar en ellas, y un toque de atención para quienes deberían estar al tanto de su absorbente mecanismo de dominación. En las propias palabras de Hannah: “Facebook, Twitter e Instagram nos han convertido en una sociedad de acosadores.”   Ella misma escogió grabar sus confesiones en cintas de cassette, forzando a los destinatarios de las mismas a proveerse de reproductores antiguos. Esos que no permiten interacción y que te fuerzan a escuchar con mayor atención que hoy en día. Clay Jensen y el abanico de emociones que experimenta al oír las cintas, la ambigüedad de sus sentimientos cuando sabe que una de las ellas está dedicada a él, nos va conduciendo de un episodio a otro. Pero son las reflexiones de Hannah, su voz en off en cada grabación, lo que se encarga de alimentar el deseo del espectador de averiguar qué ha pasado. Mientras lo vamos haciendo, desfilan ante nuestros ojos todo un apreciable ramillete de temas: una lectura en clave alienante del trabajo adulto, la experimentación sexual, el sufrimiento y las tendencias suicidas en adolescentes sensibles, el brutal acoso que se puede experimentar en esas edades, la mezquindad que exhiben las autoridades educativas para evitarse problemas, los abusos sexuales en los institutos de secundaria. 

Uno de los mayores aciertos de la serie es que no apuesta por mostrar ningún tipo de conducta como ejemplarizante. Conscientes de que la mejor manera de lanzar un discurso pedagógico consiste en ocultarlo, se muestra como obvio que la respuesta a los comportamientos expuestos está en tomar la dirección contraria. “La serie que te enseña a tratar bien a las personas” o “todos deberían ver esta historia para darse cuenta cuánto daño le pueden hacer al otro con solo una palabra” son algunos de los comentarios más repetidos en las redes sociales y en otros medios. Por encima de todo, y si tuviésemos que elevar el tono e intentar una exégesis de mayor calado, podríamos decir que la serie es una historia sobre el arrepentimiento, la culpabilidad y el duelo. Algunos analistas han apuntado que 13 Razones es como una versión agnóstica del Yo pecador o Confiteor católico, una oración que reflexiona sobre lo que hemos hecho y los fallos que hemos tenido. En todo caso, en pocas ocasiones se puede acceder a una ficción audiovisual que rompa la distancia emocional entre el espectador y lo que está viendo en pantalla como esta hace. La indudable química entre los actores que encarnan a Hannah y a Clay es uno de sus puntos fuertes. 

Esa abismal atracción entre dos personas que se niegan a verbalizar sus sentimientos ante el otro y que tanto juego ha dado en el cine, aquí se matiza con el candor adolescente y el conocimiento previo de la tragedia subsiguiente. Como se ha apuntado antes, las escenas correspondientes al presente y las del pasado se mezclan con acierto y elegancia: en un pasillo del instituto vemos a Clay pensando en Hannah y cuando alza la mirada la ve aparecer camino de un aula y la historia continúa entonces en el tiempo en que aún estaba viva. Por supuesto, al principio de la cinta los guionistas se encargan de un modo poco sutil pero efectivo de que distingamos en cada momento si lo que le está pasando a Clay forma parte del presente o del pasado. El deseo de Hannah por ser aceptada y amada por los demás y por experimentar el amor romántico se pinta con una ternura y una fuerza tal que la intensidad de su decepción hace creíble su decisión. Sin olvidar las burlas y afrentas sufridas y el verse relegada al pelotón de los frikis y parias del instituto. Hannah es extrovertida, independiente y tiene unos padres que la adoran. Pero hay algo sobre lo que la serie de Netflix no ha querido pasar de puntillas: también es mujer. Las situaciones a las que se enfrenta Hannah desde el primer episodio funcionan, en su contra, por acumulación. Hay traiciones, comentarios sacados de quicio y grandes y pequeños dramas que la conducen poco a poco a una espiral de depresión. Y dos elementos que se repiten a lo largo de la serie y funcionan como una especie de soga que constriñe a la protagonista: la soledad y el acoso sexual.   

Su infierno personal comienza cuando el capitán del equipo de baloncesto, y por tanto rey del mambo, publica una foto “robada” donde se intuye su ropa interior. Una foto que deriva en encuentros sexuales inventados y un juicio moral por parte de todos los que la rodean. Pero Hannah no explota por eso, lo hace dos capítulos más tarde por algo que parece una nimiedad. “Va a pensar que soy una drama queen, pero esto que hiciste desencadenó el efecto mariposa”. De un día para otro, su mejor amiga deja de hablarle y su presencia despierta cuchicheos en cada pasillo: ha sido nombrada mejor culo del instituto. “¿Cómo puede molestarte? Si es un cumplido”, le repiten todos. Lo que sus queridos compañeros no sospechan es que ese piropo no solicitado “inauguró la temporada de barra libre de Hannah Baker”. 

Los chicos de su clase se aplicaron el derecho de tocar su trasero, de hacer gestos obscenos a sus espaldas y de trepar por su balcón para sacar fotos mientras se cambiaba de ropa. No se olvida en el guión, como hemos dicho arriba, de apuntar también hacia los familiares. Y hacia los profesores. Sus roles son señalados directamente a lo largo de toda la trama. 

Los primeros no están suficientemente formados para tratar con el caballo al galope que es la mente de un adolescente y los segundos pecan con frecuencia de sobreprotectores e intolerantes. Todas las amenazas que acechan en esta edad están presente: alcoholismo, drogas blandas, acoso escolar, presión de grupo. Pero se nos olvida citar a otros importantes personajes en el la historia: Eros y Tanatos, la eterna pareja que se va de baile con los adolescentes a las fiestas a donde van estos. Esta es la cuestión que más polémica ha generado de todas las abordadas, 13 Razones pone a la vista de todos una realidad de la que se huye con demasiada frecuencia: la preocupante tasa de suicidios entre adolescentes.   

Según el INI, el suicidio es la tercera causa de muerte en España entre jóvenes de 15 a 29 años. Y la primera en el mundo si hablamos de mujeres entre 15-19 años, atendiendo al Fondo de Población de la ONU. 

Y convendría también repasar los datos que se tienen sobre acoso en estas edades: dos de cada diez alumnos en el mundo sufren acoso y violencia escolar según la UNESCO, que advierte de que el hostigamiento verbal es el más típico, pero que también ha aumentado el ejercido a través de internet y las redes sociales. Sus estudios calculan que cada año hay 246 millones de niños y adolescentes sometidos a una forma u otra de violencia en el entorno escolar. 13 Razones está generando todo tipo de reacciones en todo tipo de medios: ha echado sal en una herida. 

Uno de sus aciertos ha sido no dirigir su mirada hacia la angustia adolescente desde un ángulo donde la burla y la broma gruesa se entremezclan, ni envolverlo todo en un halo romántico sino en “escuchar” y obligarte a escuchar. Por elevación, encierra también un análisis descarnado de una sociedad que se esfuerza por impostar los signos externos de una excepcionalidad moral de la que carece.

CRISTIANOS Y HOMOFOBIA


Resultado de imagen para ARCOIRISOponerse al activismo gay no es homofobia, sino ejercer nuestro derecho constitucional a no estar de acuerdo con su ideario.


Los cristianos no podemos ser homófobos, pues la homofobia es contraria al espíritu del evangelio. El término “homofobia” en su sentido estricto, implica “miedo, odio, desprecio, o violencia contra las personas de condición u orientación homosexual”. Bajo este punto de vista, la homofobia es tan negativa como la xenofobia o la propia misantropía, y lleva a ignorar derechos humanos fundamentales como la libertad, la dignidad y el respeto. Derechos que el colectivo LGTBI posee como cualquier otra persona, no por el hecho de ser homosexuales, ni que se desprenda de su condición homosexual, sino que derivan de su condición de seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios. 

La iglesia cristiana asume esto y se opone abiertamente a la homofobia y la condena, lamentando igualmente que aquellos que también la condenan, nos acusen de homófobos, por desgracia participando ellos mismos de la misma actitud intransigente. Sin embargo, el hecho de que no se deba odiar o maltratar al colectivo homosexual, no presupone que uno deba compartir como moralmente aceptable su conducta. 

Oponerse al activismo gay no es homofobia, es simple y llanamente ejercer nuestro derecho constitucional y de relaciones humanas básicas, a no estar de acuerdo con su ideario y práctica de vida homosexual. La opinión de cualquier persona en el ámbito de la moral individual o social, religiosa o filosófica, debe ser respetada como parte fundamental del derecho a la libertad de expresión. Y en este ámbito la inmensa mayoría de las confesiones cristianas no estamos de acuerdo con el estilo de vida homosexual ni con su equiparación legal en el mismo status que el del matrimonio heterosexual. 

Por tanto los cristianos no imponemos nuestro criterio ni mucho menos pretendemos que aquellos que no lo compartan, sufran nuestro rechazo. Pero si bien no lo imponemos, sí lo defendemos y por ello exigimos con humildad pero con firmeza, que se respete nuestro posicionamiento a pensar diferente.

NUEVAS FUERZAS

¿Alguna vez has tenido días en los que necesitas desesperadamente llenarte con la Palabra de Dios pero tu mente está tan cansada que no tiene fuerzas para sumergirte en nada nuevo ni profundo?

Yo sí.

En esos días recurro a versículos conocidos, pasajes familiares que conozco prácticamente de memoria y que me dan la fortaleza necesaria para seguir adelante.

Este es uno de estos. Es mi pasaje para hoy.


¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40:28-31

Las preguntas retóricas con las que comienza el pasaje me hacen pensar en Dios diciéndome “ok, ¿es que no te has enterado aún?”.

Y no, parece como que no me termino de enterar de lo que Dios hace por mí.

Él no desfallece.
Él no se fatiga.

Y, más aún…

Él da esfuerzo al cansado.
Él multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Él da nuevas fuerzas al que espera a Jehová.


¡Ah Señor cómo lo necesito hoy! Gracias por renovar mis fuerzas una vez más.


Dios es eterno. Él no se cansa ni se fatiga. Y, lo más importante…

…Él no se cansa de mí.

No se cansa de mis quejas, ni de mis lloros, ni de mis súplicas. No se cansa de escuchar mis oraciones, de atender mi larga lista de peticiones y no se cansa de responder. No se cansa de mis inconsistencias, ni de mi falta de fe.

Nosotras, ciertamente, sí nos cansamos. La rutina diaria, las decepciones, los dolores del corazón, las luchas, las pérdidas, las peleas… nos fatigan.

Pero Dios renueva nuestras fuerzas.

Dios hace que podamos abrir nuestras alas y volar hacia el cielo infinito, sobreponiéndonos a todo lo que nos derrota y nos afana cada día.

Si estás cansada hoy, si estás en medio de la batalla, si estás harta de pelear con las mismas frustraciones una y otra vez te animo a que leas este pasaje hasta que entre en lo más profundo de tu corazón.

Espero que el Señor renueve tus fuerzas hoy.

BASTATE SU GRACIA

 
"Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua"
Éxodo 4:10

 
Dios había decidido que usaría a Moisés en una misión trascendental: liberar al pueblo judío de la opresión egipcia. ¡Tremenda responsabilidad! Sin embargo, a lo largo del relato que se encuentra en la biblia, podemos reconocer que Moisés fue un hombre como nosotros, con sus virtudes, dones y talentos, pero también con defectos, debilidades y temores. Cuando Dios le dice a Moisés que vaya a liberar a su pueblo, lo primero que dice Moisés es: nadie va a creer que Dios me envía. Muchas veces dudamos del amor, la gracia y la misericordia de Dios.

Muchas veces dudamos de nuestro llamado.

Lo que Moisés le dice a Dios, en el pasaje que inicia esta reflexión, sonaría de la siguiente forma en nuestras propias palabras: “Dios, me parece que incendiaste la zarza equivocada, la persona que tu buscas está lejos de acá, quizás en la montaña siguiente, yo soy Moisés, yo no sé hablar, aún con todo lo que me dices que puedes hacer conmigo, yo sigo siendo torpe en mis palabras”. Y Dios, ante esas palabras, contesta de forma contundente:

"¿Quién dio boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar" Éxodo 4:11

Con esas palabras tan fuertes Dios le da a entender a Moisés, y a nosotros, que su sabiduría excede por completo todo lo que nosotros podamos imaginar y comprender. Que él sabe lo que está haciendo. Que no debemos dudar de su plan perfecto.

Muchas veces cuando Dios se presenta en nuestras vidas y nos guía a hacer algo para lo cual nos sentimos incapaces, respondemos como hizo Moisés, le decimos a Dios que se equivocó. Pero recordemos que Dios nunca se equivoca en sus decisiones ¡Él es perfecto! ¿Acaso no sabe Dios nuestras debilidades? Aquél que nos creó, aquél quien nos escogió desde antes de la fundación del mundo ¿no sabe que tenemos muchísimas áreas en nuestras vidas que debemos mejorar? ¿No sabe lo incapaces que somos? Pero aún así su gracia y misericordia nos alcanza una y otra vez. Así que nunca dudemos del llamado de Dios sino más bien tengamos una actitud de agradecimiento y pidámosle que nos llene de virtud para realizar la obra que nos ha encomendado.

Si Dios te llamó con un propósito es porque sabe que puedes cumplirlo.